La puerta que no se abre para ti también puede ser un regalo.


                                                        

Un trabajo que no conseguimos, una relación que no prosperó, un dinero que no llegó, unos estudios que no pudimos hacer, una oportunidad que perdimos… incluso algo que deseábamos muchísimo y finalmente no ocurrió.

¿Te has encontrado en una o más situaciones de este tipo, donde te llenas de frustración e impotencia?

Yo misma me he despertado en la madrugada llorando por algo que deseaba tanto que ocurriera y no se dio. Algo que yo pensaba que sería lo ideal para mejorar mi vida y la de mis hijos.

Cuando una puerta no se abre, ¿qué es lo primero que viene a tu mente? ¿Cuál es la actitud que normalmente tenemos?

La mayor parte de nosotros nos quejamos, pensamos que no tenemos suerte, nos desesperamos, nos desilusionamos y nos entristecemos.

Lo que menos se nos ocurre es pensar en una frase como esta:

La puerta que no se abre para ti también puede ser un regalo.

Hay algo misterioso en la vida. Y para quienes creemos en Dios, también existe esa posibilidad de confiar en que no todo lo que no ocurre en nuestra vida es necesariamente algo malo.

Quizá no podemos saber por qué esa puerta se cerró. Pero podemos elegir no interpretar automáticamente su cierre como un fracaso.

Puede que esa puerta que tanto deseábamos no fuera la ideal para nosotros. Puede que no fuera la que nos llevaría por el camino correcto, la que ayudaría a nuestra vida, a nuestra alma y a nuestro corazón. Puede que, simplemente, no fuera el momento.

Porque hay cosas que van más allá de nuestra vista.

Hay cosas que parecen maravillosas y, sin embargo, pueden terminar haciéndonos daño. Hay oportunidades que parecen perfectas, pero que con el tiempo podrían convertirse en nuestra ruina. Y también hay puertas que, al no abrirse, quizá nos están librando de algo que todavía no somos capaces de ver.

Eso no significa que no duela.

Cuando una o más puertas se cierran, sentimos dolor porque detrás de ellas estaban cosas que deseábamos de corazón. Y aceptar que algo que queríamos no sucederá como imaginábamos puede ser realmente difícil.

Incluso podemos llegar a pensar que esa puerta no se abrió como una especie de castigo divino, cuando quizá podríamos preguntarnos:

¿Y si no conseguirlo también fuera una forma de protección?

No siempre podremos saber la respuesta. Pero quizá, de ahora en adelante, cuando una puerta no se abra, en lugar de pensar inmediatamente que hemos fracasado, podamos decirnos:

Quizá no era para mí. Quizá no era el momento. Quizá existe algo que todavía no puedo ver.

Sé que no es fácil. Yo también he llorado por situaciones que no se presentaron ante mí como quería, por cosas que estaba convencida de que serían buenas para mi vida.

Pero estoy aprendiendo que no todas las puertas cerradas son pérdidas.

Algunas simplemente nos están enseñando a esperar.Por eso, mi querida alma, espero que este escrito te haya servido para mirar de otra manera esas puertas que todavía permanecen cerradas.

No te des por vencida.

Sigue preparándote, sigue creciendo y sigue caminando.

Porque cuando llegue el momento y se abra la puerta indicada para ti, deseo que estés preparada para atravesarla con sabiduría, con fortaleza y con un corazón capaz de reconocer el regalo que hay detrás de ella.

Besos y abrazos para ti. ❤️




Imagen: Generada con IA

Autora: Johana Quilter

Aviso importante: En algunos momentos recurro a herramientas de inteligencia artificial para la edición, corrección ortográfica y de puntuación de mis escritos. Por este motivo, el texto puede presentar características que los detectores de IA interpreten de manera imprecisa.

Sin embargo, las ideas, experiencias y contenido de mis escritos son propios.

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